Todos hablamos sobre la importancia y el cuidado del medio ambiente, pero a la hora de actuar, ¿Cuántos de nosotros realmente hacemos cosas por mejorarlo? ¿A cuántos de nosotros nos preocupa no tirar basura en la calle, mantener limpia nuestra banqueta, o limpiar nuestra casa? Seguramente hemos escuchado sobre las grandes industrias y empresas contaminantes del mundo, sobre el efecto invernadero de los gases de automóviles y sobre los daños que causa al ambiente el derramamiento de litros de petróleo en el mar. Sin embargo, que una persona tire basura en la calle no parece tan grave como el incendio de un bosque.

No obstante, habría que percatarse de la consecuencia acumulada de muchas personas actuando de manera similar, en detrimento del ambiente, y compararla con esos grandes desastres y fenómenos que dañan al medio donde vivimos. Para muestra basta un botón: en las estaciones terminales del metro, que también cuentan con paraderos de autobuses (sirvan de ejemplo Indios verdes, Universidad, Pantitlán o Tacubaya) muchas son las personas que tiran el papel de los tacos, la servilleta o la tapa-rosca del refresco, o la envoltura del  dulce. La suma de todas esas acciones es la que tiene esos lugares en las condiciones actuales y, aunque la delegación o el municipio se preocupe por dar mantenimiento y recoger los desperdicios, eso no es una prioridad para las autoridades locales, pues implica el empleo de recursos que, en épocas electorales como las pasadas, son más redituables si se aplican a otros asuntos.

A pesar de esto, difícilmente podremos ver a algún funcionario importante en un lugar olvidado por la escoba. No obstante, el mantenimiento de estos lugares, de los parques, de nuestras avenidas, debe ser un tema importante para quienes vivimos cerca de ellos, pues su contaminación es un aspecto que nos afecta a todos. La tarea de limpia y recolección de basura, si bien es asunto del municipio, también es un asunto de los ciudadanos. Ciudadanos que reclamamos el derecho a opinar y tomar decisiones que nos atañen, pero que también debemos reclamar y reconocer la obligación de conservar el medio que nos rodea, como una responsabilidad cívica y humana.

Seguramente no he dicho nada nuevo. Pese a ello, presento a continuación, algunas propuestas simples que podrían funcionar en nuestras localidades:

  • Las multas o castigos de tránsito deberían complementarse con horas de servicio a la comunidad (barrer avenidas, limpiar y pintar escuelas, parque, juegos)
  • Multas del mismo tipo para personas que:
    • No recojan los desechos de sus perros
    • Tiren basura en la calle
    • Crédito para el remozamiento de fachadas en avenidas primarias (inicialmente)
    • Instalación de botes de basura (orgánica e inorgánica) cerca de espacios comunes
    • Mantenimiento comunitario de espacios y servicios públicos (alumbrado, topes)

Con toda seguridad estas medidas no salvarán los mares ni los bosques, pero en cierta medida son un pequeño grano de arena con el que se puede iniciar una playa de soluciones.