A lo largo de la Historia de nuestro país, mucho antes incluso de la conquista del mismo,  las civilizaciones asentadas en el territorio que ahora lleva por nombre México -y definido por arqueólogos, antropólogos e historiadores como Mesoamérica -, fundamentaron su existencia material en una relación armónica con la naturaleza, siendo ésta,  tal vez, la causa principal del esplendor económico, político y cultural que alcanzaron sociedades como la maya, teotihuacana, mexica, tolteca, olmeca, tarasca, huichol, entre muchas otras, que me excuso por no nombrar.

Construyeron ciudades hermosas, edificadas y orientadas de acuerdo a los designios de la naturaleza. Fomentaron el uso de los recursos naturales de acuerdo a sus necesidades y no con un afán depredador basado en la obtención de excesos. Por que los excedentes que puede generar la producción de cualquier bien o servicio son, hasta cierto punto, admisibles y positivos.

Hoy en día, sólo podemos contemplar e imaginar la magnificencia de tan tremendas civilizaciones, en las ruinas arqueológicas distribuidas a lo largo y ancho de la República Mexicana. Asentamientos humanos que impresionaron a los conquistadores de la Europa Feudal por las características arquitectónicas, urbanistas y organizativas. Aquellos bárbaros,  (en el sentido más amplio)  la mayoría de ellos, parias, fueron vistos como encarnación del Dios Quetzalcóatl. Al parecer, no los han dejado de observar como Dioses -Quetzalcoatl- puesto que el servilismo, entreguismo y admiración que muestran  ciertas personas, al tener un contacto con gente anglosajona, fluye inmediatamente de su inconsciente de conquistados. No pudiendo siquiera llegar a pensar que, todos los seres humanos, sólo nos diferenciamos unos de otros por ciertos rasgos físico-biológicos propios de cada región del planeta.

Lo anterior viene a colación porque, en el México contemporáneo, no hacemos una retrospectiva e introspección en nuestro pasado, con la finalidad de tomar lo mejor de cada cultura, para así, crear una sociedad diferente y mejor. Partimos de un supuesto ficticio, el American Way of life, que no es ni por poco, compatible con la multiculturalidad existente en México. Lejos de aceptar a los pueblos indios, los negamos y escondemos, como si fueran una aberración en la historia.

Es prudente, retomar, las relaciones sociales de producción que permiten a las comunidades indígenas la explotación de la tierra, no de los hombres, con base en el conocimiento ancestral, y aplicarlo al campo desahuciado y casi extinto; de igual forma, fomentar en diversas áreas de la convivencia social el trabajo colectivo con una psicología nosótrica indígena y no el ego occidental maximizador de ganancias. Concatenado con las aportaciones indígenas, utilizar el potencial tecnológico propio de la cultura occidental a las labores que lo  requieran; hacer uso de los medios de distribución creados ya de antemano: transporte y medios de comunicación.

Con este escrito, no pretendo descalificar la influencia Estadounidense, Europea o de ningún otro tipo de sociedad ; ni tampoco, hacer una apología de los indígenas; solamente  revalorar los conocimientos y sabiduría legada por las diversas culturas que han ayudado a la creación de la Nación Mexicana como un todo, formado por partes igual de importantes para el desarrollo de una República como la nuestra.

 

Libertad y felicidad                                                                                                                                                                            Juan Carlos