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Pensando en la gravedad de estar en medio de un brote epidémico de un virus aún no identificado plenamente y de su mortalidad severa -que últimamente no lo es tanto- recibí un correo que denunciaba la supuesta cortina de humo maquinada, fría y secretamente, desde Los Pinos para distraer a la gente de próximas reformas de largo alcance y repercusiones nacionales.

Pero, ¿Será cierto que la influenza es inventada? Seguramente muchas personas lo creen así, mientras que otros tememos por nuestra salud. Lo importante, sin embargo, es reflexionar un poco sobre el tema.

Difícilmente, en un ambiente político de mayor pluralidad partidista como en el que vivimos, en un mundo globalizado y con tantos científicos trabajando para encontrar una cura, sea posible implementar una farsa de tamaño mundial en la que oposición, países y laboratorios se confabulen a favor del presidente de un país con tan poca presencia económica, petrolera y militar en el mundo, para distraer a la población de una crisis que retuerce a las economías globales.

Sin embargo, lo que parece ser cierto es que la semana pasada un par de iniciativas pasaron sin ruido por las cámaras del congreso, una por la de senadores y otra por la de diputados, en las que se debió haber puesto más atención de la que recibieron. La primera de ellas es la Ley de la Policía Federal ( http://sdpnoticias.com/sdp/contenido/2009/04/23/382531 ) que dota de mayores facultades a los policías para intervenir y acceder a datos confidenciales de las personas y en internet para “prevenir conductas delictivas”. Esta legislación debe reflexionarse y debatirse con gran cuidado pues implica atribuciones no menores a un cuerpo armado del poder judicial sobre la ciudadanía, y su derecho a la privacidad, en general.

La otra iniciativa, aprobada por la cámara alta, es la que permite la portación de pequeñas dosis de estupefacientes ( http://www.milenio.com/node/204108 ). Una vez reconocida la incapacidad del Estado para desincentivar actividades de venta y consumo de droga, pareciera ser que la única salida es la legalización, pero, ¿Esta iniciativa considera posibles consecuencias como la mayor afluencia de droga al país provenientes de países productores y con destino a EE. UU.[1] o el impacto en la percepción de la droga respecto de los jóvenes? ¿Realmente la despenalización de dosis pequeñas desincentiva su consumo, o la intención era meramente monetaria (¿arrebatarle el mercado al narcomenudeo para administrarlo el Estado?) Es válido abordar estos temas, dotar de mayores recursos y atribuciones a la policía no debe ser necesariamente algo negativo, pero lo que no se vale es sofocar la libre discusión y la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones que le atañen directamente.

Después de todo, la democracia se nutre de estas deliberaciones, no sólo de tener credencial y conformarse con votar.


[1] Esta interesante posibilidad la escuché de voz de un profesor muy informado, que actualmente labora en un conocido diario del país.